Haken

Desde hacía tiempo que estaba escuchando siempre lo mismo, las mismas bandas, las mismas canciones. Estaba pegado.

Mis amigos también. Cuando más joven eran los amigos quienes traían nueva música. Alguno que viajaba se compraba un disco nuevo y era furor. Las novedades eran más regulares en el tiempo y sobre todo abundantes. ¿Será que llega un momento en la vida en que nos aferramos a lo que conocemos y perdemos la capacidad de descubrimiento y sobre todo las ganas de descubrir algo nuevo?

En eso estaba, escuchando lo último de Dream Theater, cuando leí una comparación entre dos de los más grandes servicios de música en “streamming”: Spotify y Deezer.

Si bien Spotify ostenta la mayor popularidad, Deezer no se queda atrás y la verdad es que la comparación dejaba bastante mejor parado a Deezer que a Spotify. Decidí probar ambos servicios, me di de alta como usuario “premium” para desbloquear todas las características y así hacerme una idea real de lo que ofrecían cada uno.

No voy a entrar en detalles porque no es el tema de esta publicación, pero definitivamente Deezer se adecua más a mi forma de funcionar que Spotify. Cancelé la cuenta en Spotify y volqué toda mi atención a Deezer.

Comencé a agregar a los artistas que me gustaban a mi biblioteca y pronto se transformó en prácticamente una copia de mi discoteca local. ¿Cuál era la gracia entonces? ¡Ninguna!

Ninguna hasta que descubrí una característica que se ha transformado en mi punto de partida cada vez que entro a la página a escuchar música: Tu Deezer.

Tu Deezer es una lista interminable, mezcla de canciones sueltas, discos y artistas recomendados por usuarios con gustos similares a los míos. Es un cofre del tesoro sin fondo, el reemplazo perfecto a esos ausentes amigos de la adolescencia que te copiaban el vinilo a un cassette que casi siempre terminaba con la cinta cortada de tanto que se escuchaba.

En esa lista interminable fue que encontré a una banda inglesa (para variar) que por fin vino a refrescar este par de oídos un poco ya cansados de escuchar siempre a Petrucci y compañía, a Ozric Tentacles y su psicodelia un tanto repetitiva, o a Metallica y derivados.

Haken apareció sin mucha parafernalia y debo decir que se transformó desde los primeros segundos de escucha en una de mis bandas favoritas, fija en la radio del auto, en el celular y el equipo del living (via DNLA por supuesto).

Mezcla perfecta entre el clásico rock progresivo Canterbury, con toques de metal en dosis certeras y con la justa influencia de los nuevos exponentes del progresivo, a saber: Steven Wilson y secuaces. Con pequeños guiños al jazz, con escalas no tradicionales y albums totalmente conceptuales desde inicio al fin, de esos que se tienen que escuchar completos sí o sí, que recuerdan a esos discos añejos de Pink Floyd o a los setenteros Rush con temas de 20 minutos, con seis o más movimientos, pero con un sonido desarrollado y actual.

Haken podría ser un híbrido sin mucha relevancia, considerando que no está inventando la rueda. Sin embargo exuda frescura, los arreglos no dejan nada al azar y están excelentemente bien trabajados y su producción musical está por sobre la media, su sonido también, especialmente en el último disco. Ciertamente espero que continúen su desarrollo, ya que con sólo dos discos a su haber (más un EP) su futuro es realmente promisorio.

Si les gusta el buen rock progresivo ésta es una de las bandas que no puede faltar en una discoteca que se precie.

Aquí el link a su página en Deezer y a su sitio web al final.

Link: Haken Website.

Créditos foto: Joanna Krause.

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