¿Podemos usar una cometa para llegar al Sol?

Estábamos en el patio de nuestra casa, jugando una tarde de martes, esperando a la mamá para cenar los tres (como siempre lo hacemos). Lukas tenía en su mano una pequeña cometa, de esas que vienen en los huevos sopresa.

Llevabamos un rato jugando, hablando de los bichos en el pasto, de las plantas, del cielo, los gatos y el Sol. El sonido de una avioneta que se acercaba nos llamó la atención y ambos levantamos la cabeza en busca de el avión que pasaba, pero el cielo estaba con muchas nubes…

– Papi, ¡no beo bión!

– Hijo, el avión está arriba de las nubes, para verlo tendríamos que volar arriba de las nubes.

– ¿Volar biba chielo bubes?

– Si hijo, en el cielo, arriba de las nubes.

– Papi, ¿ir bubes, cometa?

Quedé mudo por la sorpresa. La asociación, la lógica me dejaron sin palabras por un momento. Puede que no sea nada de extraordinario, pero es mi hijo y verlo crecer un poco todos los días no deja de emocionarme.

– Sí hijo – respondí -, podríamos volar bien alto con una cometa. Y si es bien grande podríamos llegar a las nubes también.

– ¿Cometa gande?

– Sí mi amor, una cometa grande, con una de esas llegamos arriba de las nubes.

Me quedó mirando por un momento con sus ojos bien abiertos y de pronto sonrió y me lanzó otra pregunta, una que me dejó más mudo, más sorprendido y mucho más emocionado.

– Papi, ¿shol cometa bubes cometa gande shol?

Me mató. De hecho se me llenaron los ojos de lágrimas. Quedé sorprendido, emocionado, orgulloso y… mudo.

Cómo le explico a mi hijo de dos años nueve meses que el Sol está a casi 150 millones de kilómetros, que sólo en su diámetro caben casi 110 planetas Tierra y que su superficie es tan, pero tan caliente que aunque tuvieramos la comenta más grande nos quemaríamos mucho antes de llegar a ella (arde a 6000 grados Celcius aproximadamente). Cómo le explico que entre la Tierra y el Sol hay un vacío tan grande que tendríamos que usar trajes especiales para poder soportar el frío y poder respirar y que aun con la mejor propulsión existente hasta la fecha nos demoraríamos casí un año en llegar.

Miré a Lukas por un momento sin saber que decir.

– Hijo, si tu quieres podemos intentar usar una cometa para llegar al Sol – le respondí al fin -, aunque el Sol está muy lejos y nos demoraríamos mucho en llegar. Tal vez sería mejor usar un cohete gigante y así llegaríamos más rápido.

– ¿Cohete gande, gigante cohete shol lejosh? – Sus ojos me miraban espectantes.

– Sí hijo, con un cohete gigante podríamos llegar al Sol. Un cohete es como una cometa muy grande y fuerte. Hace mucho ruido, corre muy rápido y suena así: ¡brrrrrrrummmmmm!

– ¡Buuuuuuummmmm, cohete gigante! ¡Core, core, core, papi, core! – Me dijo, y salió disparado.

Corrimos por el patio haciendo un ruido de cohetes, riéndonos y empujándonos. Y mientras lo perseguía no dejaba de pensar en cómo explicarle mejor las cosas, en cómo dejar abierta las puertas para que siga deduciendo y descubriendo cosas por sí solo y al mismo tiempo no restringirlo ni coartarlo, no decirle que hay cosas imposibles y que, aunque así lo parezca, nunca tiene que dejar de intentar hacer lo que el sienta correcto, que lo importante no es fracasar o conseguirlo, es intentarlo. Probando, fallando y probando de nuevo se aprende y se descubre, es la mejor forma, la única.

Porque si Lukas piensa que se puede, ¿quién soy yo para decirle que no podemos usar una cometa para llegar al Sol?

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